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UN HOMBRE Y PADRE EXCEPCIONAL Tendría que extenderme mucho intentando describir a un hombre realmente excepcional como fue mi padre Don Alejandro Sensano Pericón. No obstante, me referiré a algunas cosas que calaron profundamente en mí y quizás como todo niño o joven, en su momento no valoraba como lo hago hoy. Nació el año 1907 en un lindo pueblo cruceño donde vivían familias muy tradicionales y observadoras de las normas de urbanidad y convivencia social acartonada. Lagunillas efectivamente, antes del descubrimiento de petróleo en Camiri, fue una población de mucha importancia. Allá transcurrió la infancia y juventud de Alejandro junto a sus padres: Eliodoro y Rosa y sus hermanos Guillermo, Dora y Justa. Con esos antecedentes, escribo ahora lo que recuerdo de mi padre en cuanto a sus sabias enseñanzas y como nos las trasmitía. No tuvo estudios secundarios, ni superiores, pero quienes lo conocimos admiramos hasta hoy toda su sapiencia, don de mando, y liderazgo. Sus conocimientos los adquirió de las enseñanzas que le había dado su maestro particular don Luis Simons, amigo de sus padres y a quien le encomendaron su educación. Este señor, muy culto y que había estudiado en Santiago de Chile, le brindó a Alejandro cuanto sabia y se convirtió en gran amigo suyo, hasta su muerte, puesto que, incluso estando yá muy ancianito, visitaba en Monteagudo a su “dilecto y entrañable, discípulo y amigo Alejandro”, ocasiones en que le llevaba profundos versos de respeto y amistad, escritos con mucho sentimiento y que denotaban la sincera amistad que los unió. Mi padre tenía hermosa letra palmer y muy buena redacción, más la ortografía no era su fuerte. Sabía contabilidad, que es cuanto más le había enseñado don Luis Simons, y lo que me pregunto, es como sabía tanto de la vida, que incluso ahora en el siglo XXI, ocurren cosas que él yá las preveía y anticipaba. Tenía una capacidad impresionante de ubicuidad y oportunidad como de adecuarse y aceptar los cambios que vertiginosamente se dieron el pasado siglo XX. Nos hablaba con toda propiedad de las grandes ciudades del mundo y sus adelantos, como de los pequeños pueblos y sus costumbres. Alejandro sabía lo adecuado para vestir en una gran fiesta de ciudad, como lo que debías llevar en un festejo campestre. Era tan gentil con los demás, que me enorgullece escuchar a algunas señoras de su tiempo, referirse a él, como el caballero que no descuidaba un detalle en sus modales y muy elegante les hacía las atenciones que correspondia. La revista “Life” y las Selecciones del Readers Digest que tenía, seguramente complementaban los propios conocimientos que la vida le había dado. Si teníamos que ir a la propiedad de “El Zapallar”, sabía indicarnos cuanto era necesario, desde ensillar un caballo y como dominarlo. Hacer el bozal, poner las riendas, los peleros, el ensillado, los sobrepellones, la tensión de la cincha, la altura de los estribos, en fin muchos detalles que mencionaba con toda calma. Recuerdo como nos decía “ Las piedras y los palos son malos si los pisas sin tomar previsiones”, refiriéndose a que cuando acarreaban esos materiales en carretón o camión y estaban delante de casa, no había que subirse sin precauciones, púes corrías el riesgo de romperte un pie o que las tablas te den en la cara. Cuando se afeitaba, nos contaba el cuento del monito que por imitador, agarrando sin permiso de su amo la navaja….se cortó el cuello. En consecuencia, no manipulábamos el neceser del papá. En las noches, allá, fuera de la casa, sentado en su sillón, nos ponía de barriga sobre sus piernas y friccionándonos la cabeza y la espalda, y llenándonos de la ternura y protección que ello irradiaba, contaba cuentos infantiles o pasajes de su vida. Siempre nos inculcaba….”Hay que ser amigos sinceros del grande y del chico, del rico y del pobre”. Y era así. Siempre estaban en la casa muchas personas del pueblo y del campo, pidiendo su consejo y por ello fue padrino de matrimonio de muchísimas parejas que tenían como ejemplo de vida el matrimonio de Alejandro y Nilfa , mi madre. Las autoridades del pueblo siempre tenían a mi padre como un referente y era invitado a cuanto acto protocolar se daba. Autoridades departamentales y nacionales que llegaban a Monteagudo, generalmente visitaban, si no se alojaban en su casa, a Alejandro Sensano. Sé que el arzobispo de Sucre Monseñor José Clemente Maurer, quien fue el primer Cardenal de Bolivia, tenía respeto por Alejandro y cuando llevó a los Padres y Madres de Tréveris a establecerse en la provincia, lo llamó para pedirle colabore, especialmente a las monjitas alemanas en las acciones que emprenderían en beneficio de la comunidad. El Padre Jose Maximiliano vong Berg, llamaba a mi padre con mucho cariño y respeto “El Camba”. Los días domingo, mi padre de terno y mi madre muy elegante nos llevaban bien cambiados, a participar de la sagrada misa en el templo de Monteagudo. En esos tiempos (Estoy hablando de mi infancia) era costumbre, que las mujeres estén en el santo oficio, adelante, en sus propios reclinatorios y los hombres, en la parte posterior del templo.En el momento de la consagración de la hostia y el vino, cuando sonaban las campanillas, los hombres, sacaban su blanco pañuelo, lo extendían en el suelo, para arrodillarse sobre él. Mi padre nos enseñaba como mover las palancas. El decía siempre…Con las palancas se mueve todo. El sabía como cortar una rosa y como podar un naranjo o manzano. Siempre sentí que tenía la solución a todo. Una vez, cuando llegó el Jefe departamental del Servicio Agrícola Interamericano, que se alojaba en casa, fuimos en su camioneta hacia Suspiros. En el vado de la propiedad de los Vega, el vehículo se enfangó. Mi padre inmediatamente pidió una yunta de bueyes y dirigió el rescate de la movilidad. En ocasiones de pequeños desastres por lluvias que me tocó vivir, Alejandro dirigía las acciones y conducía al personal con autoridad y aplomo, ordenando se hagan zanjas, desagues, se retiren las maderas, etc.etc. Hay mucho que escribir sobre mi padre, pero tendría que extenderme en varias hojas y solo debo resumir, que fue un hombre de mundo, en el buen sentido de la palabra. Conocía todo, lo percibía, lo afrontaba, lo solucionaba. Era un hombre alegre, benefactor, cooperador, amable, muy jovial,elegante y sincero. LOS JUEGOS Hoy los niños piden a sus padres: Nintendo, play station, bicicleta, moto eléctrica, celular o cualquiera de esos caros juguetes o artefactos. Nosotros allá en el pueblito, jugábamos con carritos de madera, zancos, trompos de madera, aros, pelotas de vejiga de vaca o de trapo. (1950-1960) Hacer con las carretas de hilo un diminuto tractorcito era divertido. En las partes extremas del carrete, que hacían de ruedas, se cortaba con una cortaplumas una especie de trilla de llantas que servían de tracción. Por el medio del carrete atravesaba una goma estirada con un pedazo de jabón en el un extremo y un pedazo de fósforo en el otro, de tal manera que al girarlo aprisionando con los dedos y luego posando el carrete-tractor en el suelo, se desplazaba con fuerza, salvando incluso pequeños promontorios de tierra que hacíamos. Otro lindo juguete era construido con dos pedazos de cañahueca, en el uno pegados con engrudo se ponían en ambos extremos papel cortado con tijeras, de tal manera que como una hélice, giraba sobre otra cañahueca con un orificio exactamente en el medio. El movimiento de hélice o molino se conseguía corriendo contra el viento. Los había tambien en forma de estrella. Cerca de nuestra casa vivía un carnicero: Don Faustino Morales y de sus faeneos de reses nos regalaba la vejiga que inflándola nos servía de balón de futbol, que lógicamente por no ser esférica sino más bien ovalada, rebotaba de aquí allá en la irregular superficie de las calles que convertíamos en campo de juego. Los lindísimos trompos de guayabo que hacía en torno don Guillermo Espinoza eran famosos y mucho más requeridos que los “bolivianos” ( por ser tricolores) que venían de Sucre y eran de eucalipto. Los de Monteagudo eran suaves y de buen peso por su “bailar” perfecto se les decía “es sedita” mientras que los bolivianos eran “taratatanchos” pues brincaban toscamente con sus púas ordinarias. Se jugaba con los trompos a la “Troya” y al “círculo”. Los aros de los turriles de gasolina viejos con sus “manijas” de alambre duro daban lugar a carreras desenfrenadas, lo mismo que los zancos consistentes en dos palos con sus maderitas a unos Las niñas jugaban al tatetí y a la rayuela. Habían muchos otros juegos de conjunto como el tinglo, la cebollita, la tula, en fin, que compartíamos niños y niñas disfrutando de momentos sencillos, llenos de alegría y entusiasmo en un pueblo también sereno y acogedor.
DOS ACONTECIMIENTOS POLITICOS FUERTES (1957 O 1958) La prima Nancy Vilar de Gomez, que en estos días (marzo 2008) nos visita en Bolivia (ella vive desde 1961 en España), es quien me recordó uno de los pasajes que comentaré a continuación además de otro que lo tengo presente en mi memoria. Mi madre y mi hermano Santiago aportan con sus recuerdos la descripción de estos acontecimientos. TENIENTE ESPRELLA.- Eran años de gobierno del MNR, (tendría yo unos ocho o nueve años), cuando ocurrieron en varias partes del país hechos como el de Terevinto en Santa Cruz, el de Huacareta en Chuquisaca y otros, producto de diferencias políticas. En Muyupampa, se había dado una dura discrepancia entre el jefe de policía, de apellido Esprella y los dirigentes campesinos de esa localidad determinándose su expulsión del pueblo para llevarlo a Sucre. No tengo clara la información de, si el Tte. Esprella huyó o si los dirigentes lo transportaban a la capital, pero lo que aconteció fue que se informó de la salida del policía de Muyupampa hacia Monteagudo y los jerarcas movimientistas de Candúa, que en aquellos tiempos era el centro del movimientismo provincial, se agruparon en cantidad de cientos de personas a la entrada a Monteagudo, altura de Llegado el camión a las inmediaciones de CAPITAN SUAREZ.- Generalmente en estos recuerdos no preciso las fechas, pues no tengo registros, como pueden imaginarlo. Más o menos en los mismos tiempos del anterior acontecimiento, ocurrió otro en Monteagudo. Uno de los jefes políticos del MNR en Monteagudo era don Teófilo Pinto, quien haciendo alarde de su poder político, un día fue al mismo despacho del Jefe de policia, Capitan Suarez, a quien increpó duramente por una detención o comparendo que hizo a un pariente suyo. Al no conseguir que el jefe policial se someta a sus órdenes, no vaciló en disparar con su revolver a los costados de la autoridad, penetrando las balas en la pared del despacho y vociferando se debía hacer caso al jefe político del pueblo. Parece que esta actuación de Pinto fue con unos tragos encima, puesto que mas tarde al tomar conciencia de su inapropiada actuación, salió de Monteagudo hacia El Zapallar, para perderse por unos días mientras se calmen los ánimos del policía agredido que en su momento no reaccionó por lo imprevisto del suceso. Como Monteagudo era muy pequeño, toda noticia corría como reguero de pólvora y se supo que el Capitán después de hacer sus averiguaciones, se enteró que Pinto se había refugiado en la casa de Lucas Civera en El Zapallar. Suarez tal cual una novela de Gabriel García Marquez, recorrió el pueblo a pie y de civil, esta vez armado de su revolver, para dirigirse al Zapallar. Pasó el tiempo que tarda en el recorrido de Monteagudo al Zapallar, y algo más, cuando irrumpió en las calles de la población a todo galope un jinete que gritando a voz en cuello daba la noticia que Pinto fue baleado y muerto. La conmoción fue grande en Monteagudo e inmediatamente uno de los pocos carros que había aquel entonces, de don José Oropeza, un Studebaker, fue en el que trasladaron el cadáver a la población. Comentaron luego, como había ocurrido el asesinato. Se decía que el capitán Suarez, llegó a la casa de Lucas, preguntó por don Teófilo Pinto y cuando le dijeron que no estaba, abrió la puerta, detrás de la cual estaba oculto Pinto quien rastrilló el fusil Mauser que llevaba, lo que dio lugar a la inmediata reacción de Suarez que no vaciló en disparar su revolver y así dar muerte a quien lo faltó en su despacho. Así ocurrió este dramático pasaje con tinte de intolerancia política, que naturalmente por mucho tiempo fue el comentario del pueblo. Supe que el Capitán Suarez, dio inmediato parte telegráfico a la capital Sucre de lo acontecido, poniéndose a disposición de las autoridades para que lo juzguen. Efectivamente llegó una comisión de la policía departamental y se lo llevaron.
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